domingo, 24 de agosto de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Recordando a José Eustacio Rivera



"...Luego empezaron a girar sobre la arena en moroso círculo, al compás de los fotutos y las cañas, sacudiendo el pie izquierdo a cada tres pasos, como lo manda el rigor del baile nativo. Parecía más bien la danza un tardo desfile de prisioneros, alrededor de inmensa argolla, obligados a respirar una sola huella, con la vista al suelo, gobernados por el quejido de la chirimía y el grave paloteo de los tamboriles. Ya no se oía más que el son de la música y el cálido resollar de los danzantes, tristes como la luna, mudos como el río que los consentía sobre sus playas. De pronto, las mujeres, que permanecían silenciosas dentro del círculo, abrazaron las cinturas de sus amantes y trenzaban el mismo paso, inclinadas y entorpecidas, hasta que con súbito desahogo corearon todos los pechos ascendente alarido, que estremecía selvas y espacios como una campanada lúgubre: ¡Aaaaay!... ¡Ohe!..."
En José Eustasio Rivera: La Vorágine, El Ancora Editores, Bogotá, 1997, pág

martes, 5 de agosto de 2014

Museo Portátil del Huila en Pitalito Ago. 9 y 10 - Invitación y Cronograma de Actividades - Entrada Libre

Para el taller de Experiencia Libre de Dibujo , programado para el 9 de agosto de 10 a 11:30 de la mañana, favor llevar un objeto de apoyo para la hoja.

domingo, 27 de julio de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Son noventa años.



 

Cuando una novela pasa el umbral de los cincuenta años comienza a generar pensamientos que orietan el camino, la vida. Así ha pasado con "La Vorágine", la novela del escritor José Eustasio Rivera, creció y se ha construido su propio camino. Ha dejado y sigue dejando huella, generando expectativas. Monserrat Ordoñez en "La Voradine: textos críticos" presenta una compilación, como un homenaje a "La Vorágine" y a J. E. Rvivera,  con una variedad de textos que exaltan su grandeza y calidad. Eduardo Neale Silva nos recrea en "Horizonte Humano Vida de Jsoé Eustasio Rivera.". Otro tanto realiza Isaías Peña Gutiérrez en "Breve historia de José Eustasio Rivera". Aquí presentamos un pasaje que nos muestra esa actitud humana que la hace universal entre otras facetas.

"...La lámpara de encandilar murciélagos latía como una víscera. El equipaje, intacto. La hamaca, aún tibia, estaba repleta de mantas y cojines, para simular bajo el mosquitero un cuerpo dormido; aquí las chinelas de piel de tigre; allá la colilla del último cigarrillo, humeando todavía en el rincón. Estos detalles nos permitían respirar con sosiego. La madona no había salido para escaparse, pero debíamos vigilar.

"En la noche siguiente dimos comienzo a nuestros planes: Franco y Heli, con taparrabos y con fardo al hombro, entraron desnudos en la fila de los cargadores, por conocer la ruta del incógnito puerto y atisbar  las maniobras de los aborígenes. Mientras tanto, Ramiro entretuvo  al Váquiro en su caney y yo pasé la noche con Zoraida. Sobrevino una imprevisión adversa o propicia: los perros, viéndose solos, cogieron el rastro de mis compañeros y encontraron a su antigua dueña, que, mañosamente, se los llevó, sin decir palabra" Ancora Editores, 1997, p260.

Y dejamos ahí para seguir buscando otras razones y huellas que nos decubra el pensamiento de J. E. Rivera.  

sábado, 14 de junio de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez: ¿De tono dudoso?



 
 
 Andan por ahí algunas palabras que para muchos tienen ese tono del insulto, de la desgracia; palabras que ridiculizan. Palabras que se van escuchando por ahí, que van rodando de calle en calle, de boca en boca; palabras que dan rienda a los impulsos y que se suelta por ahí. Palabras que causan escozor, vergüenza y que están relacionadas con  personas que desempeñan un oficio pero que no están avaladas por el sistema o la academia. Son palabras que se refieren a personajes de la vida pública y se usan para referirse a quienes practican conocimientos que son dudosos porque no los respalda una marca, un sello, la academia. Pero hay quienes se creen propietarios de esas palabras.


Y hay dos palabras que me llaman bastante la atención por su grandeza, por ese aroma ontológico que se levantan desde sus escombros, o más bien desde el pasado y que son al mismo tiempo un desafío social. Son palabras altaneras para los encopetados del lenguaje, para los puristas. Sin embargo, estas palabras ya incursionaron en nuestro medio para enriquecer nuestro lenguaje y que se van purificando con el tiempo. Esas palabras se utilizan para el insulto, para desafiar y retar al oponente. Pero hay algo detrás de esas palabras: la sabiduría, el conocimiento social, político, terapéutico, ancestral entre otras, y ellas son: guaricha y tegua.