lunes, 13 de octubre de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Así se pierde


Hay días como  hoy cuando la vida se ahoga en un desastre. Del vientre brotan naufragios, espantos y cataclismos; se siente que la vida se derrumba, que no hay esperanza. Es algo que brota desde el fondo del cuerpo. Uno siente que no tiene caso la vida. Todo se acaba en un instante doloroso. La vida es un ir y venir. ¿Cómo harán muchas personas para vivir felices, para sentir alegría, felicidad?
La melancolía es un dolor de vida, es una ausencia, un olvido de uno mismo. Me siento sin mi, me falta el otro para que pueda fortalecerme. La vida se deshidrata, a la vida le falta vida. Los sueños no tienen imágenes, el aire no tiene sabor, ni el aroma tiene viento para navegar. Así pasa con la vida, no tiene la fuerza del viento, el sabor del aroma, los colores del viento y el agua. Y, la vida está ahí para seguir navegando o para naufragar. La vida entre vivir y padecer. Pero llegan momentos que se sienten en el estómago y que sacan la tristeza, la angustia, la zozobra y la soledad como si la vida fuera eso, solo eso

lunes, 6 de octubre de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Ritmos de ayer y de hoy



El próximo fin de semana, el gran evento múscial que reune a varios grupos musicales de Colombia e Hispanoamérica. El encuentro tendrá lugar en la Cámara de Comercio en Piatlito, Huila a partir de las 7:00 de la noche. Todos están cordialmente invitados, una función para deleitar el espíritu y que cada año adquiere relevancia por la calidad de los participantes y porque recupera  nuestros ritmos musicales, y parte de nuestra historia.

INVITA: Fundación Tierraviva
LUGAR: Cámara de Comercio
CIUDAD: Pitalito -Huila-
FECHA: Sábado 11 de octubre
HORA: 7:00 P.M
EVENTO: 8o Encuentro Nacional de Músicas Tradicionales y muestra Internacional RE-CUERDAS..



jueves, 25 de septiembre de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Recordando a José Eustasio Rivera




Agrego la siguiente nota que llama la atención porque son argumentos de quien logra expresar algunos percepciones y apreciaciones de la grandeza que se evidencia en la novela del vate por su lenguaje, porque encuentra en el lenguaje y la narración algo esencial  como es el ritmo vital, el tono vigoroso que es difícil mantener a lo largo de una novela y solo pueden lograrlo los grandes como nuestro novelista. Transcribo un pasaje del ensayo de Edmundo Chasca “El lirismo de La Vorágine, texto compilado por Monserrat Ordoñez Vila

“Al contrario dela malevolencia de la selva, el llano ha sido personificado con rasgos que captan el amor de sus criaturas humanas, quienes dicen del sol, del viento y de la tempestad que son sus hermanas (p. 21). Si cuando se describe la selva las imágenes representan tormentos humanos en un medio  limitador porque es vertical (“¡tú me robaste k sueño del horizonte!”) (p. 119), las del llano celebran la pujanza de la vida e un medio libertador porque es horizontal. Dantescan y estremecedoras aquéllas, son estas homéricas y vigorosas:

Ni la mula cimarrona que manotea espantada, ni el tigre que se le monta en la nuca, ni el toro salvaje que brama recorriendo el circo apenas le clavan las banderillas, ni el manatí que siete el arpón, gastan violencia a la de aquel potro cuando recibió el primer latigazo (p.50)

ORDOÑEZ VILA, Monserrat. (1987). LA VORAÁGINE: Textos críticos ( Compilación), 1ª Ed, Alianza Editorial Colombiana,  Bogotá. p. 245 - 246.


domingo, 24 de agosto de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez. Recordando a José Eustacio Rivera



"...Luego empezaron a girar sobre la arena en moroso círculo, al compás de los fotutos y las cañas, sacudiendo el pie izquierdo a cada tres pasos, como lo manda el rigor del baile nativo. Parecía más bien la danza un tardo desfile de prisioneros, alrededor de inmensa argolla, obligados a respirar una sola huella, con la vista al suelo, gobernados por el quejido de la chirimía y el grave paloteo de los tamboriles. Ya no se oía más que el son de la música y el cálido resollar de los danzantes, tristes como la luna, mudos como el río que los consentía sobre sus playas. De pronto, las mujeres, que permanecían silenciosas dentro del círculo, abrazaron las cinturas de sus amantes y trenzaban el mismo paso, inclinadas y entorpecidas, hasta que con súbito desahogo corearon todos los pechos ascendente alarido, que estremecía selvas y espacios como una campanada lúgubre: ¡Aaaaay!... ¡Ohe!..."
En José Eustasio Rivera: La Vorágine, El Ancora Editores, Bogotá, 1997, pág