sábado, 14 de junio de 2014

Por Jairo Oliveros Ramírez: ¿De tono dudoso?



 
 
 Andan por ahí algunas palabras que para muchos tienen ese tono del insulto, de la desgracia; palabras que ridiculizan. Palabras que se van escuchando por ahí, que van rodando de calle en calle, de boca en boca; palabras que dan rienda a los impulsos y que se suelta por ahí. Palabras que causan escozor, vergüenza y que están relacionadas con  personas que desempeñan un oficio pero que no están avaladas por el sistema o la academia. Son palabras que se refieren a personajes de la vida pública y se usan para referirse a quienes practican conocimientos que son dudosos porque no los respalda una marca, un sello, la academia. Pero hay quienes se creen propietarios de esas palabras.


Y hay dos palabras que me llaman bastante la atención por su grandeza, por ese aroma ontológico que se levantan desde sus escombros, o más bien desde el pasado y que son al mismo tiempo un desafío social. Son palabras altaneras para los encopetados del lenguaje, para los puristas. Sin embargo, estas palabras ya incursionaron en nuestro medio para enriquecer nuestro lenguaje y que se van purificando con el tiempo. Esas palabras se utilizan para el insulto, para desafiar y retar al oponente. Pero hay algo detrás de esas palabras: la sabiduría, el conocimiento social, político, terapéutico, ancestral entre otras, y ellas son: guaricha y tegua.






jueves, 29 de mayo de 2014

De Jairo Oliveros Ramírez. De sacrificios y altares




Apreciado Nairo Alexander Quintana,

el otro día me llamó una amiga, Edith Vargas Muñoz, a ella no le gusta el ciclismo, a ella le llama la atención la euforia de los colombianos por los triunfos de los ciclistas colombianos en Europa y en especial sus triunfos en el Giro de Italia; y me llamó para que escribiera: “mientras nuestros dirigentes se cubren de lobo, tu nos cubre de gloria” deportiva y felicidad.



Lo mismo sucedió el otro día cuando Colombia clasificó al mundial del Brasil, los colombianos salieron a las calles a celebrar con euforia, con alegría, gente llena de felicidad, como si se hubieran ganado la lotería, como si hubieran encontrado un tesoro.



Cuándo harán lo mismo, cuándo saldrán por las calles a gritar con euforia, a celebrar las decisiones y las leyes que aprueban los senadores de la República de Colombia. Cuando eso ocurra ya no habrá pobres ni pueblo.


domingo, 11 de mayo de 2014

Jairo Oliveros Ramírez. Recordando a José Eustasio Rivera En los noventa años de ser publicada La Vorágine






Otro pasaje para tratar de detectar ese tono intenso entre narración, realidad y fantasía que se extiende en el tiempo, en un ambiente como tenso... Ahí quedan estas palabras que hacen de esta narración un mundo que aún nos sigue como nuestra propia sombra.

   “Asomándome a la ventana del corredor, donde parpadeaba una lamparilla, vi arremolinarse en la oscuridad del rebaño de detenidos, recelosos de desfilar por la hórrida puerta, escalofriados por la intuición del peligro cruento, erizados como los toros que perciben sobre la yerba olor de sangre.

“¡A bordo, muchachos!”, repetía la voz cavernosa, desde el otro lado del quicio feral. Nadia salía. Entonces la voz pronunciaba nombres.

   “Los de adentro intentaron una tímida resistencia: “¡Salga primero!” “¡Al que llaman es a usted!” “¿Pero por qué me acosan a mí?” ¡Y ellos mismos se empujaban hacia la muerte!

   “En la pieza donde estaba yo comenzaron a descargar bultos y más bultos: caucho, mercancías, baúles, mañoco, el botín de los muertos, la causa material de su sacrificio. Unos murieron porque la codicia de sus rivales estaba clamando por el despojo; otros fueron sacrificados por ser peones en la cuadrilla de algún patrón a quien convenía mermarle la gente, para poner coto a la competencia: contra éstos fue ejecutado el fatal designio, pues debían fuertes avances, y, dándoles muerte, se aseguraba la ruina de sus empresarios; aquellos cayeron, estrangulando el grito agónico, porque eran del tren gubernamental, empleados, amigos o familiares del aborrecido gobernador. Los demás, por celos, inquinas, enemistades.

jueves, 8 de mayo de 2014

Jairo Oliveros Ramírez: recordando a José E. Rivera


En los noventa años de ser publicada La Vorágine





Estas son algunos pasajes que llaman mucho mi atención. Me da a sensación de un hombre que pretende un mundo de reconciliación entre el ser humano y el medio. Pero aquí se manifiesta ese espíritu del ser humano por abarcar todo, tal vez por eso sueña con ese mundo que pretendemos.
“Hasta tuve deseos de confinarme para siempre en esas llanuras fascinadoras, viviendo con Alicia en una casa risueña, que levantaría con mis propias manos a la orilla de un caño de aguas opacas, o en cualquiera de aquellas colinas minúsculas y verdes donde hay un pozo glauco al lado de una palmera. Allí de tarde se congregarían los ganados, y yo, fumando en el umbral, como un patriarca primitivo de pecho suavizado por la melancolía de los paisajes, vería las puestas de sol en el horizonte remoto donde nace la noche; y libre ya de las vanas aspiraciones, del engaño de los triunfos efímeros, limitaría mis anhelos a cuidar de la zona que abarcaran mis ojos, al goce de las faenas campesinas, a mi consonancia con la soledad”