lunes, 1 de diciembre de 2008

Los Fugitivos



Aquella noche, unas manos fuertes golpearon la puerta de la Familia Sánchez. Eran las nueve de la noche según el enorme reloj inglés de la pared. No muy lejos de ahí, el pueblo de San jerónimo dormía bajo una de las tantas lluvias de abril. La dueña de la casa, Doña Isabel Perdomo de Sánchez, tardó en comprender que se trataba de su puerta y de su casa; cocer sentada como una vieja, en el centro de su sala, a la luz amarillenta y débil de una vela de parafina, la había adormecido. Una enorme carga en el vientre le impidió levantarse cuando lo deseó. ¿Cuanto tiempo faltará? Se preguntó a si misma, mientras una sonrisa que afloró en su rostro denunciaba el placer que le producía la espera. Pensó inmediatamente en llamar a su criada—en su estado de debilidad, tan solo podía pensar—pero recordó de inmediato que se había acostado temprano por orden suya. Al amanecer llegarían su tío Alfredo y su hermano Marcos. Ella, como de costumbre, los recibiría con algo revitalizante festín. Cordelia—así se llamaba la Criada—madrugaría a matar dos conejos y dos Gallinas, pero ante esa visita inesperada no había alternativa, tenia que llamarle, aunque no tuviese fuerzas para hacerlo. El mayordomo de la hacienda, un hombre viejo y algo cegatón de Nombre Julio, que era el responsable de la seguridad de esas dos mujeres solitarias, había salido para el pueblo vecino a comprar algunos cerdos para la llegada del patrón. El esposo de Isabel estaba en Neiva desde el principio de la semana; tardaría dos días más en llegar si lograba solucionar los problemas judiciales que lo habían llevado a la ciudad. Isabel, por lo tanto, estaba sola. Sin embargo no temía a nada. Solo ella conocía los mil y un eventos que la convirtieron en una mujer obligadamente fuerte; como todas las de su familia, y como todas las de su región. Además, se sentía segura. Nadie en el pueblo se metería con la esposa de alguien tan importante como su esposo.
—Isabel, ábreme, soy Marcos—dijo el visitante.
Antes de que él hubiese dicho su nombre, ella ya lo había reconocido. Pero Isabel no podía abrir la puerta. Estaba demasiado débil para siquiera pararse.
— ¡Cordelia! — Gritó Isabel— ¡ven y abre la puerta que mi hermano ha llegado!
Cordelia no respondió; quizás ni siquiera había escuchado. Cargada a sus diecinueve años con un sueño impenetrable, debido a la cantidad de trabajo que tenía que asumir en el día, Solo podía ser despertada a golpes, o al menos eso pensaban sus patrones. En una casa tradicional, de Arquitectura burguesa Colona, la habitación de la criada siempre esta retirada de la parte visible al exterior y particularmente cerca de la cocina; sabia (o quizás solo se resignaba a saber) que gritarle de nuevo seria inútil desde su ubicación. Por primera vez, desde la partida de su esposo, lamentó el hecho de que el no estuviera a su lado.
— ¿Marcos? , mijo, ¿como esta? que gusto saber de vos, pero, ¿por que llegas a esta hora?
— ¡tiene que ayudarme Mary, vienen los pajarracos! —Gritó desde afuera.
Isabel entonces palideció.
En medio de la lluvia, del ruido del viento pasando por los árboles y su respiración, Isabel escuchó disparos. Como la casa era de bareque, le resultaba difícil reconocer la dirección de donde provenían. La acústica era confusa, pero de algo estaba segura; no era demasiado lejos.
— ¡Cordelia, por amor a dios, habrá rápido! —Gritó Isabel a su criada.
Cordelia no respondía. Isabel, exhausta por su Estado, empezaba a impacientarse.
— ¿Marcos? — preguntó al visitante, extrañada de su silencio.
— ¿si? —respondió este, levantándose, según el ruido, del suelo.
— Estoy sola, y no puedo abrirte. Pero dale la vuelta a la casa, y te abriré por la puerta de la leña.
El afán de Marcos por llegar a la puerta la dejo confundida.
Su esposo había buscado una mujercita para que cuidara de su embarazo hasta que pasara la dieta, pero Cordelia, una niña salida dios sabe de donde, le había resultado completamente incompetente. Era complicado buscarle un reemplazo, por que poca gente, debido a la influencia de la diócesis en el pueblo, quería trabajar para liberales. E incluso, los que se ofrecían, tenían fines oscuros y se excedían abusivamente en sus atribuciones. En muchas ocasiones robaban algunas baratijas de la hacienda. En otras, los acusaban frente a la iglesia local a cambio de dinero. Los Cargos variaban de ateísmo a Liberalismo, que para la gente y para los Sacerdotes era lo mismo. El simple hecho de cuestionar un cura, si importar su rango, frente a un criado, podría resultar peligroso e inclusive mortal.
Caminó bordeando el jardín central en dirección a la cocina. Habían Ahí dos accesos que le serian útiles; por un lado la habitación de Cordelia, y por el otro, la puerta de la leña. Vio a través del umbral que su hermano ya la esperaba, y también vio al llegar que cordelia no había dejado nada listo para el día siguiente, así que tendría una razón más para despertarle a golpes. Pero otra cosa vio al entrar a la habitación de la Criada que la desconcertó terriblemente; Cordelia, esa niña desgraciada y desagradable, no estaba. No tuvo mas alternativa que dirigirse en silencio a la puerta, que para su suerte, se habría tan solo retirando un clavo.
Su hermano entró empapado, y herido en un brazo.
—escúchame detenidamente. Algo sucedió y tenemos que irnos.
Isabel estaba horrorizada. Pero antes de ser siquiera capaz de reaccionar, fue llevada por su hermano afuera de la casa. Ambos, de manera brusca, se escondieron en medio del monte que había camino al río. Isabel fue lo suficientemente inteligente como para guardar silencio. Vio, no sin amargura, como varios hombres entraban a su casa, armados y guiados por su antigua Criada. Incluso el miedo le impidió sentir odio hacia esa niña infame. Mientras huían, en silencio, escucharon los gritos de aquella chusma salvaje, escucharon a los muebles romperse y escucharon las órdenes del Hombre que guiaba aquella horda.
— ¡tráiganla viva, necesitamos interrogarla!
Pero antes de que pudiera voltearse a buscar un rostro, fue jalada por su hermano hacia el monte. Los campesinos guiados por el jinete se adentraron en el monte, en su dirección, y algunos dispararon contra la oscuridad. Su ropa, que no era otra cosa que un largo camisón pijama, estaba empapada. La debilidad de un pronto parto se había esfumado. El miedo que le producía la posibilidad de caer en desgracia era más fuerte que su amor de madre.
—Espera un instante— le dijo a su hermano— ¿hacia donde vamos?
— Necesitamos salir de aquí.
— Lo entiendo, pero ¿hacia donde?...

No pudo terminar la frase. Una bala por poco y le vuela la cabeza.


Ambos guardaron silencio, se agacharon con cuidado tras unos matorrales. Marcos tomó la mano de su hermana, y la condujo a través del monte. No paso mucho tiempo para que entendiera que no iban a ninguna parte, solo huían, y lo hacían sin rumbo fijo. La adrenalina dejo paso al miedo y al dolor; Estaba agotada, en su cintura había un dolor punzante que la desesperaba, como una aguja, como un desgarre. No había luna y aún llovía. El poco aire que lograba recoger no era suficiente porque su enorme barriga presionaba su espalda y aplastaba sus pulmones al agacharse. Pensó delicadamente. Estaba demasiado cansada para pedir explicaciones.
Huir de aquella forma le trajo muchos recuerdos de infancia, y en ellos era ella la que llevaba a su hermano, tan pequeño, tan frágil, tan inocente. Isabel en ese entonces no entendía muy bien la guerra, pero de algo estaba segura; era necesario huir. Había escuchado entre susurros los crímenes de los cazadores de liberales en las reuniones de sus padres. Lo había escuchado en la plaza de mercado, y con los niños en la escuela. En multitud de ocasiones le habían tapado la cara al pasar en un camino debido a los muertos arrojados y mutilados. Algo, repugnante y terrible, se había grabado en su memoria; el olor de la carne humana en putrefacción.
Ahora estaba ahí, a su lado. El pequeño marcos, la criatura inocente que antes defendía, ahora, herido por una bala, era quien la defendía a ella. Con una piel morena por el sol y unos profundos ojos cafés, respiraba difícilmente, pero se mostraba fuerte como un caballo. Fuerte, si, algo idiota, inocente por omisión y valiente como un soldado. El hombrecito, su hombrecito, el que siempre, sin importar las circunstancias, la haría sentir orgullosa. Con él a pesar de todo se sentía segura. Sabia que él la defendería del mismo modo que ella lo hizo en su infancia.
Caminaron toda la noche, dando círculos, temeroso de salir a una carretera. Los pajarracos estaban buscándolos. En las carreteras se escuchaban caballos e ignoraban si eran amigos o enemigos.
—mataron al Tío Alfredo—dijo Marcos, con las manos en las rodillas, tratando de respirar.
Isabel sintió que sus piernas temblaban.
— ¿Cómo paso?
— Veníamos para acá con algo de anticipación, y un grupo nos salió en la carretera. Eran militares, y nos pidieron los papeles. El tío se los mostró, y ellos lo llevaron a donde su comandante. Cuando escuchamos el tiro y lo vimos caer, nosotros disparamos también. Los demás murieron; solo yo sobreviví.
— ¿Pero estaba muerto?
—no lo se; Quizás lo esté. Como te digo solo lo vi caer.
Isabel quería, con todas sus fuerzas, llorar un poco. Lo habría hecho en otras circunstancias, pero ahora no se permitiría desfallecer. “fortaleza” se dijo, pero no pudo convencerse de ello como lo deseaba. Se arrojó a los brazos de su hermano. Lo abrazo por un largo rato, pero no logró llorar. Pensó en que jamás vería de nuevo a su tío favorito, el que siempre la había tratado tan dulcemente, incluso ahora, casada y casi madre.
—Vámonos—dijo al oído de su hermano. — casi amanece.
— ¿A donde? — preguntó este.
— Tranquilo, yo tengo una comadre por aquí cerca.
El amanecer fue benigno y mostró un Sendero conocido, que era casi camino de herradura, demasiado inclinado para que los soldados de la diócesis se decidieran tomar a caballo. La niebla los disfrazaba, y en la distancia, aquel camisón sucio y húmedo ya, parecía solo una alucinación etérea. Hacia frío. Con la tranquilidad vino el sueño que debilitó su estado de alerta. Pensó en su esposo, en su tío, en su lastimado hijo; quizás todos estaban ya muertos. Los árboles empezaron a danzar al ritmo del viento, y el susurro de las hojas, cada vez más fuerte, la adormecían con mayor intensidad.
En la distancia, arriba, junto al camino, vio la Casa de doña carmen. Sintió una alegría indefinible; la idea de secarse, de acariciar tranquilamente su estomago, de apoderarse de una cama y de ropa limpia, de remediar su hambre; no pudo evitar sonreír. Aquella sonrisa desapareció cuando vio el rostro de su hermano, cada vez más débil y pálido.
—No te preocupes; estamos a punto de llegar—murmuró
Con sorpresa, se percató de que la casa estaba en silencio. Marcos rompió el vidrio de la puerta y forzó la cerradura. La sala estaba vacía y casi desierta. Un Escalofrió helo la espalda de Isabel, quiso marcharse, pero se contuvo; escuchó un canto. Venia de la cocina y era la voz de su amiga Carmen, cantaba como lo hacen las mujeres de la región al preparar una sopa de papas, cantaba de manera triste, pero indudablemente era ella. Quizás los pajarracos habían atacado aquí primero. Ansiosa, busco la cocina.
Carmen estaba cortando una carne, y murmuraba una canción. Danzaba al ritmo lúgubre de su voz, y estaba de espaldas, trabajando delicadamente sobre la tabla de picar. Un chal cubría su cabeza, y su ropa estaba algo sucia. A pesar de los llamados de Isabel, no respondió. Marcos se había quedado sentado en la sala, en un viejo sillón. La cocina olía a sancocho y a carne fresca, y por un segundo fugaz, Isabel sintió un escalofrió. Quiso, de nuevo, huir, pero se animo a tocar el hombro de su amiga.
Carmen volteó al contacto, y dejo ver su rostro, mutilado y despedazado, victima de la violencia más inimaginable. Sus ojos habían sido arrancados, y numerosas cortaduras y llagas cruzaban su piel. Pese a ello, debajo de su carne y de su amputación, continuaba cantando con tranquilidad. Su voz, salida de unos labios despedazados y sangrantes, se hizo aterradora. Parecía insensible al horror de Isabel. Un solo segundo estuvo frente a ella, y luego volteó su cuerpo, continuó su trabajo sobre la tabla de picar y siguió cantando, tan tranquilamente como antes.
Al ver aquel rostro, Isabel comprendió que tenia enfrente a la mismísima muerte. Había huido de los pajarracos con éxito, pero no había conseguido librarse de aquella visión. Cansada, incapaz de dar un paso más para huir, vio como su camisón, en el área de su entrepierna, se teñía de rojo. Embriagada de resignación, liberó su cuerpo, y al ritmo del canto lúgubre de Su amiga Carmen, se dejó dormir.

Autor; Oscar Corzo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Poemas Del Profesor Leonel Ramirez

El profesor Leonel Ramirez, compañero de nuestra tertulia, ha presentado en repetidas ocasiones su trabajo como escritor y poeta. Presentamos aqui una coleccion de sus poemas más reconocidos. Nació en Teruel – Huila (Colombia). Es Licenciado en Filosofía y Letras y profesor de Lengua Castellana en el Colegio Departamental de Pitalito-Huila. Miembro del Consejo Municipal de Cultura y de la Tertulia Literaria La Embarrada de Pitalito (Colombia) y Miembro del Movimiento "Poetas del Mundo" con sede en Chile.
Ha participado con sus trabajos en diferentes eventos literarios en Colombia, Argentina y Chile y ha obtenido destacados reconocimientos en concursos de poesía y cuento a nivel nacional e internacional: Concurso Nacional de poesía de Caldas (Antioquia, Colombia) 2006, Concurso de Poesía y Narración del Instituto de Cultura Peruana (2006), Certamen de Poesía Ábaco de España (2006), Concurso Hispanoamericano Gustave Flaubert (2007) de Córdoba-Argentina, Diploma de Mérito en Concurso de Poesía LINCOLN-MARTÍ (2007) de Miami-EE.UU., entre otros.
Sus obras publicadas son: Camino de versos (2002), Seis cuentos sobre ruedas (2004) y Huellas de los vientos, poemas en prosa (2007). Así también ha participado en publicaciones de la Revista "Puesto de Combate" y en varias Antologías nacionales y extranjeras.




AYER POR HOY
Encuentro mi vida
en estas piedras de óbice
entre salto y salto a mitad de su cauce.
Del cielo a la montaña
corrió mi niñez entre hojas de colores
que adornaban las arenas
y guijarros raídos
por las cascadas del silencio.
Hoy,
cómo extraño la profundidad de su lecho
donde hundía mi cuerpo desnudo
entre sus remansos de estrellas
cuando iba de paso para la escuela,
tras el canto armonioso de las cigarras
el vals de los peces variopintos
la brisa refrescante del paisaje
y los gritos alegres de la playa,
en aquel manto dorado de las tardes.




MUJER - PATRIA

Sabor a mujer y a patria,
sabor a miel y a prado recién cortado
a agua cristalina de cataratas,
a selva virgen, colinas y montañas.
Eso eras, Patria mía
paraíso de libros y cielos dorados
sol naciente que bañaba los espíritus,
mujer con sonrisa de cafetos y rosales.
En el cielo fluía el mar de las gaviotas
que volaban sobre montañas de viento.
Ahora, ¿en qué momento violaron su cuerpo
y en qué oficina mitigaron la desnudez de su alma?
Aún no entiendo:
Mujer, luna de mis sueños
Patria, música de mis alas,
¿cómo siguen los gobiernos
tejiendo las páginas
de esta guerra que a todos y a nadie pertenece?




LIBERTAD,
aquí no ha llegado.
Si eres estatua,
si eres paloma.
La paz es blanca?
No necesitamos el púrpura.
Un ave
roja, azul y amarilla,
te cabe en el cambuche.
Por qué luchar?
Hace años te bautizaron,
invadieron los olivos,
ensangrentaron las nubes vírgenes
tiñeron las aguas, ríos y lagos.
Afortunadamente se salvó el mar
descongelado,
que ondea el futuro.
No más engaños!…




domingo, 9 de noviembre de 2008

Literatura, sexo y rock and roll.


















No me considero un buen lector. Jamás he logrado soportar el prototipo de obras que la academia considera Magistrales. A veces soy algo ciego con la belleza de un texto, y en ocasiones, a pesar de que esta de algún modo resulta evidente, no reconozco su significado; el análisis literario es mi más vergonzosa insuficiencia. La poesía generalmente me produce alergia; debe ser jodidamente buena para que yo pase de la segunda línea, así como debo estar verdaderamente jodido para escribirla. No sé forzarme en cuestiones creativas. Quizás esa es la razón por la cual eché a perder literatura casi todo mi bachillerato. Que recuerde, empecé a leer a los diez años con muchísimo bobarismo y algo de pedantería; indudablemente estaba aburrido; ya era un jovencito y fantasear en voz alta resultaba terrible para mi popularidad así que algo había que hacer para distraerme; la televisión era mala y solo nos quedaban los libros, ¿que decir? Aun no sé gané o salí perdiendo. No sé que diablos le suceda a mi filosofía; todos los destinos me parecen idénticos y en cuestiones de satisfacción personal la estupidez le lleva muchísima ventaja a la inteligencia. Mis primeras lecturas fueron aventuras llenas de vaqueros, piratas y astronautas que en vez de frenar mi fantasía la aceleraron. Fue genial porque los argumentos extraños abundaban y mi bobarismo cada día me convertía más y más en un caso clínico de estupidez; era un extraño, un farsante y un loco, pero aquello no me quitaba lo interesante. Si hubiese leído a Lovecraft en aquella época, posiblemente le habría dicho a mi madre que un calamar gigante me llamaba desde la alberca de la casa y me exigía sacrificar al gato en su honor. Pero, ¡diablos, si que era divertido! Los libros se convirtieron en el refugio del muchacho extraño, barroso e incomunicado que empezaba a sentirse un alíen disfrazado de ser humano. La literatura fue mi evasión, así como para otros lo fue el fútbol, la política o la religión; luego vino la música, pero aquello es un cuento aparte. La literatura como evasión tiene un tinte religioso, pero no exige un compromiso mental tan acalorado como las pasiones. Las pasiones estéticas me aburren y si carecen de un grado soportable de imaginación me son intolerables. Creo que en realidad el idioma me importa relativamente poco, y solo me quedo con la fantasía. Odio el naturalismo; me quedé romántico y soñador; no como lord Byron; hace algún tiempo le dije a mi amigo David que él era una mala mezcla de Victor Hugo y Camus y creo que aquella definición también me cobija. Somos unos románticos existencialistas, unos geeks llenos de faltas. En realidad me considero un tipo aburrido, adicto a las distracciones; la literatura es una de ellas. La creación es mi favorita. La literatura genética, la literatura que esta dentro de nosotros, no es la complicada arquitectura del Ulises de Joyce, es la narrativa, es la leyenda De Bécquer y la Aventura sureña de Borges, el sentido fantástico de la leyenda, es el miedo, la fascinación. … ¿tiene eso algo de malo?
Pamuk es un premio Nóbel reciente, y Proust uno de los escritores mas importantes de la literatura francesa de finales del siglo XVIII. Recientemente traté de leer la casa del silencio de Pamuk, e hice mi intento respectivo con los pasos perdidos de Proust; no pasé, en ninguno de los dos casos, de la mitad del libro. El hecho me tiene un tanto "acomplejado" y trató de entender el porqué las dos obras me resultaron tan aburridas…Son los dos únicos libros que he desechado este año, y me parece obligatorio justificar adecuadamente ambas deserciones.
Creo que ya aclaré mi pasión por la literatura; hay una diferencia muy grande entre esta evasión y la fascinación. En la estética literaria la imaginación es tan solo uno de los factores; también existe la atmósfera, el manejo argumentativo, la seducción narrativa o ritmo, la poesía dentro de la descripción, la definición "sicológica" de los personajes…Capote, el inventor de la narrativa periodística, me apasionó porque juega con escenarios y temáticas obsesivamente interesantes, y porque además posee una prosa sencilla. Victor Hugo genera tensión y emocionalidad en los escenarios más sencillos, y esto se debe a sus descripciones (cosa que también logra Sthendal) interpreté a Asimov desde un punto de vista político; Bécquer es un desgraciado que mezcla a la perfección imaginación e idioma, y Lovecraft…Tiene la imaginación mas espeluznante del mundo. La Creación fantástica es a mi opinión el atributo más fundamental de la literatura. La fabula, la leyenda y el cuento nacieron como necesidades de la recreación; allá en la distante era del hombre primitivo, alrededor de una fogata cualquiera, el primer narrador no contó una historia con finalidades estéticas, si no con ánimos fantásticos. La monotonía y la cotidianidad, el síndrome de los valores humanos, de los conflictos emocionales, es el vicio más recurrente en la literatura contemporánea. No estoy deacuerdo con esta definición de arte; creo que la literatura debe ver más allá de la realidad misma.
El argumento de que la literatura ha evolucionado, y de que ahora existe una exigencia estética más delicada y más humanista, de que la fantasía es primitivista, seria irrefutable de no ser porque la cotidianidad, el peso de la sociedad "mecanicista" y la urgencia de una evasión se han hecho más poderosos y urgentes. En el mundo contemporáneo, para el hombre común, la realidad as algo menos que insoportable; la nostalgia, en los pocos títulos merecedores del Nóbel que he leído, ha sido extrema; me resultó poco digerible Pamuk porque la imaginación fue escasa y porque no vi en el libro algo demasiado diferente al tercer mundo que desde aquí debo soportar. Las imágenes, debo admitir, fueron perfectas. Pero no busco una "evasión" en un libro que me devuelva al mismo lugar del que deseo partir, no, eso seria ridículo; eso sucede porque mi compromiso con la literatura es recreativo, porque quizás no hay gran diferencia entre mi idea de arte y la del tipo que pasa sus tardes viendo series humorísticas en fox, y por que soy un fiel poco obediente con las leyes de los sacerdotes; constantemente me tildan de hereje.
En realidad no espero demasiado de un grupo de viejitos eminentes con barbas blancas que deciden que merece ser reconocido en la basta creación humana (la mismísima tarea me parece irrealizable) No hay ningún escritor que considere irrevocable o inmortal. A veces considero que no hay ninguna obra superior a otra. Creo que el buen libro es aquel que nos obliga a fantasear; creo que el verdadero nombre de la creación y de la literatura es libertad. Los reconocimientos suelen ser compromisos insoportables para la creatividad. Creo que todo juicio que delimite o discrimine una obra creativa es trivial e injustificado (empezando por el mío) mi juicio sobre la escritura mezcla a Derrida y a humme en un solo panfleto de mocoso insatisfecho. ¿Tiene eso algo de malo?
Comencé este escrito hablando de mi infancia; algo que Proust hizo en "por el camino del Swann" y que Mishima hizo en "confesiones de una mascara". Lo que hizo aburrido a uno y leíble al otro fue la sencillez y la brevedad (Alguna clase de ego enfermizo lo obliga a uno a hablar de su infancia y algún tipo de curiosidad morbosa obliga a los demás a interesarse por ese tema) No hay ningún esfuerzo creativo en las autobiografías y estas generalmente están acompañadas de una dosis extrafuerte de nostalgia y narcisismo; por muy buen escritor que seas, no todo el mundo esta obligado a interesarse por tus traumas infantiles. Bueno, Proust no solo habla del apego a su mama, también describe algunas escenas de la vida social francesa (ZzZzZzZz) Si introduzco un calamar en la alberca que obligue a Proust a sacrificar a su gato despertaría un poco más de interés, ¿verdad? quizás pudiese encontrar que sus sentimientos de cariño maternales logren un tono incesto y lleguen a carnales… (Solo leí la mitad del primer tomo, si algo interesante pasó después, no lo sé) ¡Hay tantas maneras de hacer interesante una historia! Los recursos creativos suelen ser ilimitados….y sin embargo, hay gente que insiste en hablar de sus aburridas infancias. ¡Mírenme! Si mi infancia hubiese mínimamente interesante (no digo que fuese triste, solo digo que fue aburrida) no me habría refugiado en la literatura, y por lo tanto nunca hubiese pretendido ser escritor.
Estoy seguro que mi reclamo o mi queja no es generalizada, pero creo que el hombre contemporáneo necesita más de Asimov que de Proust…por favor; ¡no me obliguen a leer a pamuk de nuevo hasta que cumpla cincuenta! Necesitamos soñar un poco para que la existencia sea soportable, y resulta de verdad desesperante cuando la realidad nos persigue, incluso en las paginas de nuestros refugios.
Y si alguien se pregunta que tiene que ver este escrito con el titulo, solo puedo decir, ¿verdad que son útiles los títulos que incluyen la palabra sexo?


Posdata: Sándor Márai, un escritor que me seduce y me aburre al mismo tiempo, tiene una linealidad que en un principio—creí—carecía de fundamento. Esta tarde, en la reunión de la embarrada del ocho de noviembre del 2008, charlamos un poco sobre su historia; doña Edith lo considero un genio, opinión que no dista demasiado de la del profesor Jairo, Don Hernán insiste en que debajo de " el ultimo encuentro " está la clave de su suicidio. Su interpretación demostró que la mía carecía de fondo. Yo atribuía su muerte al olvido y la decepción. Pasé todo el libro esperando que el par de viejos se agarraran a golpes pero resultaron demasiado civilizados para mis colombianísimas pretensiones. ¡Diablos! la tensión habría tenido un poco mas de efectividad si hubiese sido acompañada de un silencio vacío y no de un discurso moralista. Por que el General se parece a un par de nuestros contertulios; habla tanto que uno tiene la impresión de que no deja al otro responder. Hay algo de irrealidad—desde el punto de vista netamente colombiano—en el hecho de que tu mejor amigo, que intentó matarte, llegue y se valla sin decir una palabra sobre el tema. Tiene huevo, ese amigo tuyo, general, ¿por que no le rompes la cara? Pero en fin; ¿que podría decir? Esas son preguntas que Márai nunca podrá responder. Traté de mofarme fallidamente de ese silencio, en un escrito que coloqué aquí hace algunas semanas. Siguiendo la estética academicista, uno entiende que cualquier agregado dramático habría "baratizado" la obra. Yo estaba tan concentrado esperando un desenlace para la tensión del libro, un final que resultara contundente, que deseché el largísimo monologo del General, y lo consideré una falla argumentativa. Recuerdo pocos detalles. Hasta hoy, don Hernán me hizo entender que el monologo tenia ideas interesantes. Pero no; cualquier idea expresada de esa manera, desde mi punto de vista, es…


oscar corzo. 9 de noviembre del 2008.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Puntadas al dedal. Por Jairo Oliveros Ramìrez

Ahora que llegan noticias del medio ambiente recuerdo cuàntas veces se dicen las mismas ideas para preservar el medio ambiente. La contaminaciòn continua como si no sucediera los acontecimientos. Nos hacen creer que la contaminaciòn se realciona solo con la basura que sale de la casa. La otra, aquella que producen las grandes industrias para el consumo industrial y domèstico.
Una llanta para bicicleta incide en la contaminaciòn como una para automotor, de la misma manera, todo aquello que sale de un hospital. Quedèmonos con aquella que encontramos en la calle. Y, toda eso a dònde llega. Tambièn estàn los rìos y quebradas si es que quedan quebradas. Veamos. Contaminamos cuando nos bañamos, cuando vamos a la misma letrina; y, de otra parte, respiramos contaminaciòn que penetra nuestra vida como sucede con la misma alimentaciòn.
Tantos quìmicos que se utilizan en la mismos cultivos y en animales para el consumo. ¡Ah!, y a eso hay que agregar la cantidad de hormonas que se aplican a muchas legumbres y aves. Con las aves que consumimos como el pollo que se le aplican hormonas para que se puedan consumir a los cuarenta dìas y no solo para eso sino para que sea rentable. Es màs interesante el aspecto econòmico que la salud.
Sì, la salud interesa si es rentable; que se pueda consumir droga cuando las hormonas que consuminmos con el pollo altera nuestro desarrollo. Pero creo que este aspecto no se cuenta como contaminaciòn. ¡O serà que si! De todas maneras parece que hoy en dìa todo afecta a los seres humanos y a nuestro planeta. Claro eso parece no interesar a muchos. Pues sucede que mientras unos estàn trabajando por preservar el medio ambiente hay otros que hacen todo lo contrario. Mientras unos luchan por preservar la vida, otros, que son muchos, se empeñan en destruirla. es que decimos tantas palabras bonitas como estas notas.
Y, gracias al desarrollo cientìfico, tecnològico y tècnico Cada dìa queremos vivir mucho mejor, mejorar nuestra calidad de vida. Pero al mismo tiempo que mejoramos nuestra calidad de vida deterioramos nuestro medio ambiente, nuestrea calidad de vida. Imaginen cuàntas neveras, refrigeradores estàn funcionando en este momento y la cantidad de calor que producen. Por fortuna estamos vivos para seguir pensando nuestro destino y otros como disfrutar nuestro destino.